
No hace apenas unas cuantas semanas, cuando abría el refrigerador de mi casa, sí, mi casa, porque aunque ya no viva de planta en Tijuana sigue siendo mi hogar, pues en Mexicali tengo una especie de estudio, uno de esos lugares donde te relajas,te avientas la coyotita, lees, escribes y hasta ves tele. Bueno, ya me desvíe bastante del tema, el punto es que cuando abría el refri siempre le decía a mi madre, ¡Amá, no hay nada!, ella siempre me respondía – Hay queso, jamón, huevo - ¡Cómo que no hay nada ¡ …. Pues que creen, Diosito me ha callado la boca, ahora sé qué es no tener nada, e incluso a valorar. El lunes pasado me levanté con mucha hambre y un gran antojo de sopa de fideo y pues, obvio con este calorcito que hace pues no se come uno a gusto la sopita, además de que no tengo valvita, cilantro y fideo, !ja! …. Por lo tanto, pues me desilusioné rápido de la idea. Abrí la alacena y ví pan de barra, pensé en un suculento sándwich, así que me dirigí hacia el refri y pues pura pinchi cebollita y mostaza, dije entre mí ¡De aquí soy! Desde entonces creo que los sándwiches de cebolla con mostaza son lo máximo, además de que te quita el hambre pues sale barato. Lo sé, ya parezco doñita viendo las ofertas del mercado. Ahora me arrepiento de haberle cambiado de canal cuando la buena ama de casa orientaba a “Jaqui” en los comerciales de la tele.

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