No tengo ganas de que mis viernes se reduzcan a sentarme en
un sofá, ver televisión y fingir que me parece bien quedarnos en casa.
No tengo ganas de esperar caricias que prometen sexo y terminan en frustración…
y en una simple rascada de huevos.
No tengo ganas de cenar un sándwich desabrido con manzanas con chile.
Desde el principio fuimos claros con lo que buscábamos.
Siempre supe que contigo la rutina no cambiaría: nunca viviremos juntos. Y la
verdad, ya no sé si eso es algo que siquiera quiero.
También sé que no nos casaremos, y que no compartiremos la misma cama noche
tras noche. Somos incompatibles.
Y sin embargo…
Sé que contigo siempre puedo contar. Que estás ahí para resolver, apoyar,
escuchar y hacerme la vida más simple.
Eres la persona más organizada que conozco, el mejor guía turístico, un
compañero de viaje excepcional. Un compañero de vida… a tu manera.
Pero también sé que no vas a ceder en convivencias con mis amigos, ni en tus
rutinas de televisión o tus planes nocturnos.
Sé que no vas a querer ir a un restaurante nuevo solo por curiosidad, ni hacer
un gasto que consideres innecesario, aunque para mí sea una fuente de placer.
A veces no entiendo por qué sigo aquí, si es tan claro que
me hacen falta cosas.
Y otras veces lo entiendo perfectamente. Porque cuando se trata de lo realmente
importante, ahí estás tú.
Pero no puedo evitar desear que también pudieras compartir
conmigo el gusto de salir a descubrir nuevos lugares, que el dinero no fuera un
obstáculo y que lo disfrutaras tanto como yo.
Desearía que no tuvieras esa resistencia a conocer nuevos espacios, aunque sea
de vez en cuando, con mis amigos o a disfrutar un viernes por la noche.


