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Hija de un poeta y una socióloga, hermana de tres mujeres , la menor de todas ellas, Escrow Manager y bloguera, friolenta y tragoncita. Que disfruta conocer diferentes lugares de comida , viajar y cocinar. Le encantan los gatos, los búhos, los atardeceres, los programas de asesinatos y concursos de resposteria, ama el café con leche y la buena conversación. Un poco obsesiva con el orden de su hogar y con los sonidos de la noche. Soy tranquila, risueña, carrilluda, independiente y muy trabajadora.

sábado, 1 de noviembre de 2025


Él  disfrutaba los rascacielos y las luces neón, mientras yo aprecio la naturaleza y los colores de las calles.

Yo me relajo un viernes por la tarde con un trago y apapacho, y él  pedía soledad y ver televisión .

Yo buscaba vernos más días,  y él  me pedia un fin de semana libre.

Yo tengo el líbido elevado, y él  el deseo muy bajo.

Yo busco espontaneidad y diversión, y él paz y repetición. 

Yo me desestrezo cocinando un  buen platillo en una mesa bonita,  y él prefieria comida preparada y servirse en desechables.

Yo disfruto conocer  restaurantes y probar nuevos sabores, y él 
prefieria ir al lugar de siempre y pedir el mismo platillo.

Yo disfruto manejar en soledad, y a él  le molesta el trafico.

Yo prefiero el aire acondicionado prendido, y él  la ventana abierta.

Yo necesito música alta para manejar, y él el estereo apagado. 

Yo disfruto ver videos de tiktok,  y el de leer el twitter. 

Yo trabajo todo el dia, y él  disfrutaba su jubilacion leyendo sus noticias mundiales.

Yo soy mal hablada, y él  me prefieria reservada.

Él padece de insomnio, y yo me duermo donde venza mi cansancio. 

Yo pido paciencia y apapacho, y él  pedia menos regaños y espacio.

A mí  se me olvida dar las gracias, y él buscaba reconocimiento constante.

Él  me enseñó a ahorrar e invertir mi dinero, y yo  le enseñé a compartir y recibir cariño, él  me enseñó  a no conformarme con un mal trato, y yo le enseñé  a ser más paciente y comprensivo.

Él me inculcó  a quitarme zapatos al entrar a mi casa, y yo inculqué el uso de las toallitas de cloro.

Él me facilitó los trámites en la agencia de autos, y yo le presenté el ansiolitico.

Él me incitó a deshacerme de cosas que no necesito, y yo puse orden y ajuarié su cocina.

Él me cedió dos cajones y el almacén  del baño, y yo los viernes sociales.

Yo me quejé del dolor de espalda, y él  me cambió  la camita.

Él organiza los viajes, y yo las actividades de fin de semana.

Él  me ordena los trámites  de adulto responsable, y yo reacomodo los muebles de su casa.

Somos muy distintos, hechos en diferentes décadas pero con un gran corazón,  nos gusta el orden de las cosas, y el café  bien calentito, disfrutabamos caminar en la playa y tomar el sol, nos hace feliz una cocina limpia y la cama tendidita, nos gusta mo perdertiempo en  las tiendas, somos personas independientes y trabajadoras , pero también  ansiosas y un poquito mulas,  somo los bebés del núcleo familiar,  y yo soy la señorita  berrinches.

lunes, 29 de septiembre de 2025

Crónica de Tokio, Singapur y Kuala Lumpur


Un viaje a Asia: Japón, Singapur y Kuala Lumpur en 12 días
El viaje a Asia comenzó como una posibilidad. Fer tenía muchas ganas de conocer Singapur, pero el vuelo desde San Diego es largo: más de 20 horas con escalas. Yo no conocía nada de Asia, así que sugerí hacer una parada de un par de días en Japón, lo cual acortaba el siguiente tramo a solo seis horas de vuelo. Como Fer ya había estado en Tokio, le pareció buena idea llevarme a conocer la ciudad. Así armamos el itinerario: Tokio → Singapur → Kuala Lumpur → Tokio.
El 1 de enero revisamos vuelos, y para la primera semana ya habíamos comprado los boletos. Ocho meses planeando el viaje... bueno, en realidad yo solo veía videos de TikTok sobre qué comer, mientras Fer se encargaba de absolutamente todo: vuelos, hoteles, transporte, el itinerario, ¡hasta el seguro de viaje! Es, sin duda, el mejor guía turístico.
Tokio: tecnología, orden y baños futuristas
Doce horas de vuelo nos separaban de Japón. Traté de relajarme para llegar con energía: vi tres películas, comí dos veces y logré dormir unas cuantas horas.
Llegamos al aeropuerto de Narita y nos dirigimos en metro a Asakusa. Hicimos check-in y salimos a caminar a orillas del río Sumida, desde donde se puede ver la Skytree iluminada y, por supuesto, la famosa “caquita dorada”. También visitamos el templo Sensoji. Nos tocó una noche calurosa con lluvia y relámpagos. Paramos en un 7/11 a comprar snacks y regresamos a descansar, sabiendo que el jet lag y las 16 horas de diferencia iban a cobrar factura (si no fuera por los milagrosos shots de jengibre con cúrcuma).
Al día siguiente nos alistamos para visitar la Torre de Tokio, que admiramos desde varios ángulos. Paseamos por Shibuya, cruzamos el famoso cruce peatonal, visitamos la plaza Hachikō, y recorrimos Harajuku, donde me sorprendió descubrir que aún existe Tower Records. Caminamos por Takeshita-dori, una calle llena de comida callejera, bebidas exóticas y tiendas curiosas —hasta cafeterías donde puedes convivir con puerquitos.
Después fuimos a Shinjuku, con sus tiendas de lujo, su barrio rojo, la cabeza de Godzilla, y las pantallas 3D del gato. Cenamos en el mejor lugar de sushi que he probado en mi vida. Entre el calor (¡37°C!), la humedad y las caminatas, terminamos el día con 28 mil pasos. Mi app marcaba 436% más actividad de lo normal. Me urgía un helado, agua, y parches para los pies y la ciática.
Pero al amanecer, me sentí como nueva. Compramos un sandwichito de huevo y atún con café, y lo disfrutamos sentados bajo un árbol frente a la estación de trenes de Tokio: un edificio histórico con cúpulas plateadas y techos que parecen caleidoscopios. Más tarde paseamos por Ginza, probamos mochi relleno de uva verde, y cenamos tempura en un pequeño local escondido. Esa noche nos alojamos cerca del aeropuerto y cenamos ñoquis en crema de calabaza, carne wagyu y gelatina de ajonjolí negro. Y no puedo dejar de mencionar los baños japoneses: con botones para todo —música ambiental, chorros de agua, secado, calefacción—, toda una experiencia de higiene y tecnología.
Tokio impresiona por su orden, limpieza, educación, puntualidad y modernidad. Todo está impecable. 


Singapur: lujo, jardines y helados deliciosos
Volamos a Singapur en un vuelo de 7 horas. Ilusos, pensamos que nos darían comida. No nos ofrecieron ni agua. Terminamos comprando unas Pringles y una sopita Nissin… que sorprendentemente estaba deliciosa.
Aterrizamos en el aeropuerto de Changi, y lo primero que vimos fue la majestuosa cascada "Jewel", ubicada dentro de la Terminal 1. Este aeropuerto tiene cuatro terminales, jardines interiores, salas de cine, robots que recogen bandejas, toboganes, brincolines, tiendas de lujo, y lavabos con agua fría y caliente. Tomamos el metro directo al centro por un precio muy accesible. Aquí no necesitas tarjeta especial: con tu tarjeta bancaria puedes hacer "tap" y listo.
Nuestro hotel estaba a dos cuadras del parque del río Quay y a 15 minutos caminando del Marina Bay Sands. Caminamos a orillas del río, comimos helado de elotee, vainilla y de melón con leche de Hokkaido, recorrimos Chinatown, los Jardines de la Bahía, el parque Fort Canning (donde nos metimos al famoso "árbol túnel") y nos colamos discretamente al Marina Bay Sands para disfrutar las vistas desde el piso 57.
La gastronomía local es una mezcla de sabores hindúes, árabes y chinos. Todo muy condimentado, frito, y con mariscos gigantes. En la noche fuimos a una terraza para ver el show de luces desde lo alto, mientras comíamos burrata espumada con miel y cítricos, aceitunas especiadas y pita chips.
Para donde voltearás a ver habría una imagen para capturar, y debo confesar que ninguna fotografía le hace justicia a lo hermoso que es. Singapur es elegante, moderno, limpio, lleno de espacios verdes y vigilancia (hasta drones). Aquí no puedes ni mascar chicle. Pero ese orden también lo hace seguro y limpio.

Kuala Lumpur: contrastes culturales y torres infinitas
La última parada fue Kuala Lumpur. Esta ciudad mezcla lo moderno con lo tradicional. Las Torres Petronas, con 88 pisos, son imponentes por fuera y lujosas por dentro, con restaurantes y tiendas de grandes marcas.
Paseamos por mercados como Jalan Petaling y Jalan Alor, llenos de productos "de marca" y aromas únicos. Caminamos por el puente Lintasan Saloma, el parque KLCC, y vimos esculturas gigantes de ballenas metálicas. Desde la alberca en el piso 56, con vistas a las Petronas y a la torre Merdeka 118, cerramos el día descansando los pies.
Un detalle incómodo: muchos hombres musulmanes no me dirigían la palabra directamente, y entender su inglés con acento local fue un reto.

Regreso a Tokio y reflexiones finales
De regreso a Japón, visitamos Akihabara, el puente Hijiri, el parque Ueno, el mercado Ameyoko (donde probé un helado de ajonjolí negro) y recorrimos una vez más el río Sumida. Terminamos el viaje justo donde lo comenzamos, solo que esta vez, de día.
Mientras que en Japón todo es puntual, te transportas en metro con una tarjeta que puede recargar con yenes, Singapur es práctica, te evita estar comprando tarjetas y te da la opción de pagar el metro, autobús o grab (uber) por precios realmente económicos con tu tarjeta de crédito con un simple  “TAP”, mientras que en Kuala Lumpur, puedes usar el taxi, grab que son económicos, o bien el metro que se paga con una máquina que te da fichas como de damas chinas. 
Yo no podía evitar comparar con mi ciudad: Tijuana. Para muchos quizás tienen la virtud de vivir en una ciudad/país donde existen áreas verdes, cascadas, fuentes, ríos o playas limpias, espacios seguros, iluminados, con buen transporte público, pero mi ciudad no lo es, es todo lo contrario. Por eso es por lo que cuando uno sale de su entorno aprecia cosas que sus habitantes ya no lo valoran y lo dan por sentado. Mi Tijuana tiene la mejor gastronomía sin duda, pero también se ve lo cara que es y lo mal estructurada, tenemos más de 1 año queriendo renovar un malecón, hacer puentes para evitar el tráfico, y en estos países se reconstruyó en su totalidad por completo edificios con albercas flotantes, puentes, y estructuras que soportan temblores, tormentas, y no se inundan.
Japón es orden y silencio. Singapur es lujo y limpieza. Kuala Lumpur es caos multicultural. Cada ciudad tiene su encanto y contraste.
Fueron 12 días intensos, con ampollas, ciática, lentes perdidos, errores graciosos (como pensar que habíamos perdido los pasaportes... ¡y tenerlos en la mano!) y cansancio. Pero también hubo risas, paisajes inolvidables, templos, comida deliciosa, baños de lujo y buenas compras.
Fer me decía cada vez que entraba a un baño japonés:
—¿Otra vez? Por favor, no pongas la música, ¡tenemos lugares por recorrer!
Y bueno, como olvidar cuando sirvió leche al bote de basura pensando que era su café.
Viajar es eso: perderse un poco para encontrarse, y coleccionar historias que no caben en una sola maleta.

viernes, 11 de julio de 2025

Amarga realidad

 


No tengo ganas de que mis viernes se reduzcan a sentarme en un sofá, ver televisión y fingir que me parece bien quedarnos en casa.
No tengo ganas de esperar caricias que prometen sexo y terminan en frustración… y en una simple rascada de huevos.
No tengo ganas de cenar un sándwich desabrido con manzanas con chile.

Desde el principio fuimos claros con lo que buscábamos.
Siempre supe que contigo la rutina no cambiaría: nunca viviremos juntos. Y la verdad, ya no sé si eso es algo que siquiera quiero.
También sé que no nos casaremos, y que no compartiremos la misma cama noche tras noche. Somos incompatibles.

Y sin embargo…
Sé que contigo siempre puedo contar. Que estás ahí para resolver, apoyar, escuchar y hacerme la vida más simple.
Eres la persona más organizada que conozco, el mejor guía turístico, un compañero de viaje excepcional. Un compañero de vida… a tu manera.
Pero también sé que no vas a ceder en convivencias con mis amigos, ni en tus rutinas de televisión o tus planes nocturnos.
Sé que no vas a querer ir a un restaurante nuevo solo por curiosidad, ni hacer un gasto que consideres innecesario, aunque para mí sea una fuente de placer.

A veces no entiendo por qué sigo aquí, si es tan claro que me hacen falta cosas.
Y otras veces lo entiendo perfectamente. Porque cuando se trata de lo realmente importante, ahí estás tú.

Pero no puedo evitar desear que también pudieras compartir conmigo el gusto de salir a descubrir nuevos lugares, que el dinero no fuera un obstáculo y que lo disfrutaras tanto como yo.
Desearía que no tuvieras esa resistencia a conocer nuevos espacios, aunque sea de vez en cuando, con mis amigos o a disfrutar un viernes por la noche.

 

Maty




Larga vida para mi Maty.
Mi muñequita por once años y medio.
Compañera fiel de seis mudanzas,
soportaste disfraces de Halloween,
suéteres en invierno,
baños forzados y una pandemia.
Te adopté una hermanita felina llena de energía,
para que te hiciera compañía,
y también soportaste con paciencia
a tu mamá humana, siempre tan inquieta.
Estuviste a mi lado en los días más felices
y también en los más oscuros.
Me robabas los calcetines
y dejabas tus pelitos por cada rincón,
como si marcaras tu territorio de amor.
Eras mi catadora oficial de Ruffles de queso,
Doritos Nachos, pastelitos
y la latita de atún ocasional.
Te encantaba asomarte a la ventana de tu nuevo hogar,
chismosear con los pajaritos,
tomar el sol y dormir por horas
hasta que yo regresara del trabajo.
Gracias por tanto, mi Maty.
Mi amor por ti es eterno.

“El Paraíso jamás será Paraíso a no ser que mis Gatos estén ahí esperándome." - Epitafio en un cementerio de animales

Junio 2013 – Junio 2025