
Me acuerdo cuando me prestabas el gato de colores de la sala a la entrada de tu casa, y cuando me sentaba a jugar en la mesa de centro con tus figuras de porcelana, el pájaro amarillo dándole de comer a sus bebes y a la mujer de vestido blanco con crinolina que le dabas cuerda y tocaba música clásica.
Las navidades del 26 de diciembre, era el único día de festejo navideño que esperaba con ansias, porque solíamos comer comida mexicana, (irónicamente en Estados Unidos) y disfrutaba estar con mi familia, vestía con la ropa que yo quisiera sin ser juzgada por traer levis y tennis. Me sentía realmente cómoda en todos los sentidos.
Tía Carmen, voy a extrañar mucho tu risa. Aún tengo el sonido grabado de ella, y doy gracias por tener la capacidad para recordarlo cuando yo quiera.
Algo que no olvidaré, es que podía llegar gente la cual no recordabas, pero a mí siempre me reconocías, a pesar de que decías que ya no veías bien, siempre estabas al pendiente de nosotras. Definitivamente te voy a extrañar mucho y me duele darme cuenta que nos estamos quedando solos.
Y así como mi papá, también me acuerdo cuando cruzábamos tus tamales de hoja de plátano, tu fanta de fresa, y tus salsas que tanto te gustaban.

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